El buen reumatólogo: hacer certeza la sospecha

El reumatólogo es un especialista de gran versatilidad cuya extensa formación lo hace idóneo para el diagnóstico de enfermedades dolorosas que, no sólo afectan a huesos o músculos, sino también a otros órganos que nada tienen que ver, como el riñón, el hígado, el pulmón, el cerebro, el ojo, el intestino o la piel.

A esta complejidad de unificar síntomas muy diversos y “etiquetarlos”, se le añade la importante limitación: la reumatología dispone de muy pocas pruebas reumáticas que, ni siquiera, son específicas. De esta manera, la formación y aptitudes del reumatólogo serán determinantes ante la difícil misión de (sin apenas pruebas diagnósticas) integrar síntomas muy variopintos, ordenarlos y finalmente “etiquetarlos” dentro de las casi 200 enfermedades reumáticas que trata la reumatología.
¿Qué aptitudes debe tener el mejor reumatólogo? Debe ser un especialista con la formación más sólida y amplia posible, continuamente actualizado, con larga experiencia en la asistencia a pacientes y, sobre todo, con mucho sentido común. En manos de un especialista de estas características es más fácil que una especialidad tan difícil como la reumatología, en donde la impresión clínica del médico es decisiva, una sospecha o duda diagnóstica se convierta con más facilidad en una certeza y, por tanto, en un tratamiento eficaz.