Tengo Anticuerpos Antinucleares (ANAs) positivos: ¿qué hacer?

Los anticuerpos antinucleares (ANAs) son un tipo peculiar de autoanticuerpos.

¿Qué es un autoanticuerpo? 

Es un anticuerpo (proteína) que forma parte de nuestras defensas y en lugar de estar dirigido a combatir infecciones o tumores como el resto de las defensas, de manera “equivocada”, no reconoce a nuestros tejidos como propios y (potencialmente) puede atacarlos, al punto de desarrollar verdaderas enfermedades que se hacen crónicas. Este mecanismo de lesión, es común a muchas enfermedades y es lo que se conoce como enfermedad de naturaleza autoinmune.

¿Por qué se llaman antinucleares? 

Porque son anticuerpos que están específicamente dirigidos contra múltiples sustancias contenidas dentro de los núcleos, en el interior de nuestras células. Estas células, pueden formar parte de distintos tejidos del cuerpo humano: articulaciones, piel, vasos sanguíneos, riñón, ojo, sistema nervioso, aparato digestivo, sangre, etc. En función de el (los) “órgano(s) diana” y la severidad de su afectación, así será el espectro de síntomas (cuadro clínico) del paciente. Atendiendo a estas razones, es fácil comprender como distintas personas sufren el mismo trastorno, es muy difícil que exhiban exactamente el mismo cuadro clínico.

Autoanticuerpos, Anticuerpos antinucleares y enfermedades autoinmunes: un puzzle para aventajados

¿Qué hacer?

Sin la compañía de síntomas clínicos: los ANAs no son diagnósticos de ninguna enfermedad, pero exigen de una valoración por un médico especializado para descartar alteraciones (clínicas o analíticas) que hayan sido silentes, poco sintomáticas o simplemente hayan pasado desapercibidas al propio paciente. La detección de ANAS positivos en un contexto de fiebre, cansancio y dolores osteomusculares  hace muy probable el diagnóstico de ciertas enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico, el síndrome Sjögren, la esclerodermia, la polimiositis, la enfermedad mixta del tejido conectivo y la artritis reumatoide y, por ello, hacen imprescindible la valoración más precoz posible por un reumatólogo especializado.