Tengo artrosis de rodilla y no quiero cirugía: ¿Tengo alguna opción?

La artrosis de rodilla es una enfermedad cada vez más prevalente que merma notablemente la calidad de vida del paciente que la padece. La obesidad y los nuevos hábitos deportivos han adelantado significativamente su edad de presentación convirtiéndose en una enfermedad que aparece frecuentemente en gente relativamente joven. Al final, la rodilla se parece “una rueda de un automóvil desgastada antes de tiempo”.

La medicina del siglo XXI, desgraciadamente, no cura todavía la artrosis y sus tratamientos van encaminados a paliar el dolor, reducir la inflamación y mejorar el funcionalismo de la articulación. Entre los fármacos disponibles para tratar la artrosis se encuentran los analgésicos, los anti-inflamatorios, los condroprotectores e, incluso, algunos antidepresivos.

Un gran porcentaje de pacientes no pueden tomarlos, no los toleran o, sencillamente, no les funcionan. Hasta hace poco la única opción en el horizonte terapéutico era “cambiar la rueda”, es decir, poner una prótesis o rodilla artificial. ¿Qué hacer cuando se es demasiado joven para una prótesis?. ¿Cuando el riesgo quirúrgico es muy alto?. ¿Cuando, no teniendo muchos síntomas, se quiere alargar la vida deportiva de una manera razonable?

Dolor por artrosis de rodilla

Tratamientos intra-articulares

Hoy en día existen una serie de tratamientos intra-articulares que mejoran notablemente los síntomas y la calidad de vida de muchos pacientes, con mínimos efectos secundarios. Se podría decir que, en muchos casos, también retrasan el momento de la prótesis de rodilla.

Se trata de tratamientos cíclicos que se ponen con una frecuencia variable hasta que dejan de surtir efecto. Hasta el momento se distinguen básicamente tres sustancias: ácido hialurónico, plasma rico en plaquetas y plasma autólogo condicionado (Orthokine).Todas ellas son una buena alternativa que han demostrado efectividad y una magnífica tolerancia ( 1, 2, 3 ).  Pero no hay que olvidar que “la rueda está desgastada” y, aunque mejore, hay que seguir cuidándola y protegiéndola de excesos.

Una recomendación sensata sería probar cualquiera de estos tratamientos en una artrosis de rodilla antes de plantear una prótesis, máxime si se trata de pacientes < 60 años o de elevado riesgo quirúrgico. Estos tratamientos también se han empleado con cierto éxito en artrosis de cadera pero su uso no está tan extendido.