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Mitos y verdades sobre el factor reumatoide (FR)

El factor reumatoide positivo es un problema clínico muy frecuente. El (los) factores reumatoides son anticuerpos dirigidos contra una pequeña porción de una inmunoglobulina del suero (fracción Fc de la IgG). En sí mismos, no causan u originan ninguna enfermedad. En contra de lo que mucha gente cree, tampoco son diagnósticos.  El factor reumatoide positivo, precisa de la compañía de algún “síntoma guía” para apoyar el diagnóstico de alguna enfermedad reumática.

En ausencia de síntomas el factor reumatoide positivo tiene una importancia relativa

En ausencia de síntomas el factor reumatoide positivo tiene una importancia relativa

Su importancia en medicina radica en que se asocia a una gran variedad de enfermedades que no necesariamente son reumatológicas. De hecho, puede detectarse en ciertas infecciones crónicas (como la tuberculosis) e incluso tumores.  Las enfermedades reumáticas que más frecuentemente cursan con factor reumatoide positivo son la artritis reumatoide, el síndrome de Sjögren, la enfermedad mixta del tejido conectivo, la crioglobulinemia y el lupus eritematoso sistémico.

Ante un factor reumatoide positivo es recomendable acudir a un reumatólogo para una adecuada valoración que necesariamente pasa por descartar síntomas que hayan podido pasar desapercibidos.

¿Qué son las terapias biológicas?

Las terapias biológicas en reumatología se corresponden con un grupo de fármacos destinados a modular la respuesta inmune que, esencialmente aminoran, atenúan e, incluso, suprimen los indeseables efectos de la inflamación crónica provocada por las enfermedades autoinmunes reumatológicas, en particular, la Artritis Reumatoide (AR). Se considera que modifican sustancialmente el curso de la artritis, al punto de detenerla en su progresión consiguiendo lo que se conoce como remisión de la enfermedad.

Terapias biológicas en reumatología ¿qué son?

Terapias biológicas en reumatología ¿qué son?

Sus acciones o mecanismos de acción son mucho más selectivos y van más allá de lo empleado hasta ahora (metotrexato, leflunamida, antipalúdicos, salazopyrina…) bloqueando moléculas mucho más decisivas en la generación y perpetuación de la inflamación o de la destrucción articular.

Se distinguen varios tipos de terapias biológicas que se dividen dependiendo del tipo de molécula a neutralizar o bloquear. Los más conocidos y utilizados son los agentes biológicos que neutralizan al factor de necrosis tumoral alfa (anti-TNF alfa) como el adalimumab, etanercept, infliximab, certolizumab pegol, o el golimumab. En general, éstos están considerados como la primera línea dentro de las terapias biológicas y se suelen proponer si fracasa el metotrexato o la triple terapia (metotrexato+ antipalúdicos + salazopyrina).

Existen otros agentes biológicos que son utilizados en la AR como segunda línea, con otros mecanismos de acción distintos al bloqueo del TNF alfa, que se reservan en caso de falta de respuesta o toxicidad a los anteriores como: abatacept, tocilizumab, rituximab o tofacitinib.

Mayor innovación, mayor coste

Las terapias biológicas son tratamientos más sofisticados y costosos que los tradicionales Fármacos Modificadores de Enfermedad (FAME) que se reservan, por tanto, a aquéllos pacientes con AR que no han respondido totalmente a los FAME o para aquellos cuya respuesta no alcanza los objetivos científicamente pre-establecidos. No obstante, la llegada al mercado de fármacos biosimilares, conllevará un notable abaratamiento de la factura farmacéutica redundando probablemente en una mayor generalización de su uso.

A diferencia de los FAME, cuyo periodo de latencia excede en muchos casos las seis semanas, las terapias biológicas suelen ser efectivas en las primeras dos o tres semanas y suelen combinarse con metotrexato para mejorar sus, ya de por sí, buenos resultados.

Salvo el Tofacitinib, todas las terapias biológicas se utilizan de forma inyectada, generalmente de forma subcutánea pero, también, de forma intravenosa.

No están recomendados para…

Como norma general los agentes biológicos no deben utilizarse en pacientes con infecciones graves y es imprescindible descartar tuberculosis antes de iniciar anti-TNF a, ya que una de las posibles complicaciones es la reactivación de la tuberculosis.

Los anti-TNF tampoco están recomendados para personas que tienen linfoma o que han sido tratados por linfoma en el pasado.

En líneas generales hoy se puede decir que, en el corto plazo (<5 años), los agentes biológicos están considerados como una terapia segura.